lunes, 15 de junio de 2009

2009 Año del Cambio Climatico


Yvo de Boer, Secretario Ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio ClimáticoPromoción de un acuerdo mundial sobre el cambio climático
Palacio de Westminster, Londres
26 de enero de 2009

Discurso de Yvo de Boer, Secretario Ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático
Excelencias, damas y caballeros:
El Secretario General de las Naciones Unidas ha calificado este año como el año del cambio climático. La razón es obvia: Copenhague. Diciembre. 2009.
Copenhague 2009 será el momento histórico en que la humanidad tendrá la oportunidad de responder al desafío del cambio climático y plantarle cara decididamente. No hay sombra de duda de que las emisiones de gases de efecto invernadero tienen que reducirse radicalmente para evitar que el cambio climático se transforme en un caos climático. Una vez declarado el caos, no habrá lugar donde esconderse para nadie.

La ciencia nos dice que, para el año 2020, las emisiones deben reducirse entre el 25% y el 40% con respecto a los niveles de 1990 y que las emisiones deben alcanzar su nivel máximo en los próximos 10-15 años. Al mismo tiempo, la adaptación a las consecuencias inevitables del cambio climático es una prioridad mundial, en particular para las personas más pobres y más vulnerables.

Es sobradamente claro que el cambio climático requiere una intervención urgente.

En todo el mundo se exige una solución política firme y clara al problema más acuciante de nuestro planeta. Una solución política es imprescindible para el ulterior desarrollo de la humanidad en su conjunto y particularmente trascendental para las personas más pobres y más vulnerables, que son las que menos capacidad de respuesta tienen. A largo plazo, el cambio climático es una amenaza masiva al desarrollo humano. En algunos lugares, está echando por tierra los esfuerzos para reducir la extrema pobreza.
Dicen que, para alcanzar grandes objetivos, se necesitan dos cosas: un plan y poco tiempo. Si es así, podemos augurar un buen futuro para las negociaciones sobre el cambio climático. La hoja de ruta de Bali es un buen plan y la cuenta atrás para Copenhague ha comenzado ya.

Copenhague es el punto final de un proceso de negociación de dos años en el contexto de la hoja de ruta de Bali. Con la Conferencia sobre el Cambio Climático de Poznan hemos pasado ya el punto medio del proceso de negociación hacia Copenhague.

La Conferencia de Poznan hizo lo que se esperaba de ella.

No consiguió ningún resultado político espectacular, pero realizó progresos en varias áreas de actividad concretas y ratificó plenamente y aceleró el calendario de negociación para 2009.
En el marco de las negociaciones de la hoja de ruta de Bali, las Partes convinieron en elaborar un texto de negociación para la reunión que tendría lugar en Bonn en el mes de junio.
Dicho texto estará basado en propuestas e ideas convergentes presentadas por las Partes a lo largo del último año.
La adopción del Programa Estratégico de Poznan sobre transferencia de tecnología significa un gran primer paso para impulsar dicha transferencia. No obstante, los esfuerzos en este sentido deben ampliarse significativamente en Copenhague.
El gran éxito de la conferencia fue la instrumentación del Fondo de adaptación, con acceso directo para las Partes que son países en desarrollo y reúnen los requisitos debidos.
Este Fondo se financia con un gravamen del 2% aplicado a los proyectos vinculados con el mecanismo para un desarrollo limpio del Protocolo de Kyoto.
No se llegó a ningún acuerdo sobre la ampliación de dicho gravamen a otros mecanismos flexibles del mercado del carbono en el contexto del Protocolo de Kyoto, en particular los de Aplicación conjunta e Intercambio de derechos de emisión. Un acuerdo en ese sentido habría aumentado significativamente el nivel de fondos destinados a la adaptación.
Poznan demostró que el acuerdo que se alcance en Copenhague debe impulsar decididamente la financiación de la adaptación para que los países en desarrollo puedan participar plenamente. Como es obvio, ello reviste particular importancia para los países en desarrollo más pobres y vulnerables, que deben hacer frente a una variedad cada vez mayor de efectos del cambio climático. El mundo no puede permitirse caer en lo que el Arzobispo Desmond Tutú ha descrito como .apartheid de la adaptación., en que sólo los ricos tienen los medios para conseguir la adaptación.
La ampliación del gravamen del 2% formaba parte de un programa de trabajo más amplio en el contexto del Protocolo de Kyoto, en que se incluían varias mejoras en el mecanismo para un desarrollo limpio. Como no se llegó a un acuerdo sobre el gravamen, tampoco se aprobó el conjunto de medidas más amplio. Este problema deberá resolverse en 2009. A pesar de su importancia, esos aspectos de las negociaciones son de carácter más bien técnico.
Desde una perspectiva más amplia, ¿qué debe conseguirse en 2009 para que Copenhague sea un éxito?

En mi opinión, antes de Copenhague deben conseguirse cuatro importantes requisitos políticos, que permitirán llegar a un resultado que promueva iniciativas ambiciosas. Esos requisitos son los elementos determinantes del éxito o el fracaso del acuerdo de Copenhague
que deberán resolverse este año.
El primero es la claridad con respecto a los objetivos cuantificados de limitación y reducción de las emisiones de los países industrializados.
El segundo es la claridad acerca de las medidas de mitigación adecuadas para cada país
en desarrollo; En Bali, los países en desarrollo indicaron claramente que están dispuestos a hacer más, pero que sus preocupaciones fundamentales continúan siendo la reducción de la pobreza y el crecimiento económico.
En consecuencia, y en conformidad con la hoja de ruta de Bali, los países en desarrollo necesitan apoyo tecnológico y financiero que sea cuantificable, notificable y verificable, pues sólo así podrán complementar las medidas que están ya aplicando con otras nuevas.
Todo ello está relacionado con el tercer requisito político, que hace referencia a la claridad acerca de la forma en que se generará el apoyo financiero y tecnológico tanto para la mitigación como para el elemento decisivo de la adaptación.
Las actuales estructuras del mercado del carbono son un primer paso prometedor en este sentido. Cuanto mayor sea la ambición de los países industrializados, mayor será el nivel, por ejemplo, de transferencia de tecnología o de fondos generados para la adaptación a través del mecanismo para un desarrollo limpio del Protocolo de Kyoto.
Las actuales estructuras del mercado del carbono, ciertamente valiosas, son insuficientes para responder al desafío. El mercado hace lo que pueden hacer los mercados: está seleccionando las opciones menos costosas y no garantiza una distribución geográfica equitativa. Se necesitan otros medios de movilización de recursos financieros.
El interrogante que se plantea es el siguiente: ¿Cómo podría ampliarse un mecanismo de financiación a través del mercado del carbono? Y también éste: ¿Podrían establecerse en virtud de la Convención mecanismos de otro tipo para generar los recursos necesarios?
Otra opción serían los mecanismos hechos posibles gracias a las normas de la Convención.
Las fuentes multilaterales y bilaterales de financiación representan otra opción importante para movilizar fondos con destino a la adaptación. No obstante, es fundamental que estos recursos sean nuevos y adicionales, no una asistencia oficial para el desarrollo (AOD) reconvertida. Habrá que crear una combinación de instrumentos con un desembolso eficaz.
Llegamos así al cuarto requisito político, que hace referencia a la claridad sobre el marco institucional para conseguir apoyo en favor de la mitigación y la adaptación.
Las Partes están incómodas con la arquitectura financiera y acusan cierta susceptibilidad acerca de las fuentes de financiación ajenas a la Convención. Quieren estar en control de la institución financiera encargada de la mitigación y la adaptación. Los fondos puestos a disposición del Banco Mundial tienen una cláusula de caducidad, que condiciona su futuro al resultado acordado en Copenhague. Es muy importante que los fondos aprobados como parte del resultado de Copenhague tengan estructuras de gobierno que traten a todas las partes como iguales.
Es trascendental que la atención se centre ahora en el logro de los requisitos técnicos necesarios para impulsar esos cuatro requisitos políticos.

Los desafíos que se presentan para 2009 son ingentes, pero existen también enormes oportunidades.
Aunque se están consiguiendo avances y las Partes siguen demostrando su compromiso con la hoja de ruta de Bali, es mucho lo que queda por hacer en 2009, y en circunstancias difíciles.
En primer lugar, la división entre países en desarrollo e industrializados es más que evidente. Una característica fundamental de esa división es el convencimiento de los países en desarrollo de que falta liderazgo por parte de los países industrializados.
Los países en desarrollo señalan la falta de medidas de mitigación adoptadas hasta la fecha por los países industrializados que deben tomar la iniciativa en la reducción de las emisiones. Aquí cabría citar también la escasa participación de los Estados Unidos hasta el momento.
Los países en desarrollo citan también una serie de compromisos de apoyo que los países industrializados no han cumplido y temen que tampoco les llegue el apoyo necesario para avanzar.
Para salvar las distancias, se necesitará un decidido esfuerzo de reducción del cambio climático por parte de los países industrializados y una arquitectura financiera inteligente para
impulsar la intervención de los países en desarrollo.
El nuevo Gobierno Obama, con su compromiso de reactivar decididamente las iniciativas contra el cambio climático, cambiará sin duda la dinámica de las negociaciones.

Su promesa de reducir para 2020 las emisiones de los Estados Unidos a los niveles de 1990 ha dado el nuevo impulso político a las negociaciones. Se trata sin duda de un signo muy positivo.
No obstante, el año 2009 se caracteriza también por una serie de desafíos mundiales, como la crisis financiera y la recesión económica mundial.
Resulta alentador observar que en algunos casos, por ejemplo en la UE, los Estados Unidos y China, las crisis económicas se están viendo como una oportunidad para reorientar las políticas energéticas en favor de un futuro más verde. Vincular la recuperación económica con políticas ambiciosas sobre el cambio climático es una forma de aprovechar esa oportunidad. Se ha comprobado que las industrias y las inversiones que incorporan consideraciones ecológicas consiguen beneficios y rendimientos seguros y a largo plazo.
Copenhague 2009 puede contribuir decididamente a este fin reforzando todavía más y ampliando las oportunidades económicas asociadas con un futuro más ecológico.
El resultado convenido debe ayudar a conseguir que los componentes verdes de los programas de recuperación económica sean sostenibles.
Debe poner en marcha un crecimiento económico que incorpore consideraciones ecológicas, sea de alcance planetario y abra la puerta a una revolución verde mundial. En este contexto, debe permitir la instauración de una pauta de globalización más integradora y ecológica.
Asimismo, Copenhague debe transformar las medidas de mitigación de los países en desarrollo en un instrumento para sustentar e impulsar sus objetivos de desarrollo económico a
largo plazo. El crecimiento económico y la mitigación deben reforzarse mutuamente.

Así pues, ¿cómo pueden la comunidad política y la del desarrollo ayudar al mundo a estar a la altura del desafío y evitar que se margine a los más vulnerables?
En primer lugar, es fundamental que los países en desarrollo asuman seriamente su papel de liderazgo en la reducción del cambio climático. Deben también cumplir los compromisos de apoyo contraídos con los países en desarrollo.
En segundo lugar, se necesita con urgencia financiación nueva y adicional para la adaptación, necesidad que será cada vez mayor a medida que avance el cambio climático. Una contribución clave será la búsqueda de nuevos medios para movilizar fondos para la adaptación distintos de los actualmente destinados a objetivos como la AOD.
En tercer lugar, muchos países menos adelantados necesitan asistencia para determinar las necesidades de adaptación más acuciantes y adoptar las medidas pertinentes. La comunidad del desarrollo debe contribuir a dichas iniciativas.

Finalmente, aunque el mundo industrializado debe tomar el liderazgo en la reducción de las emisiones, es imposible responder al desafío sin una participación significativa de los países en desarrollo. Se necesitarán financiación y apoyo tecnológico para que los países en desarrollo puedan adoptar medidas adicionales de mitigación en consonancia con las necesidades nacionales.
Se necesitará financiación pública para movilizar un volumen mucho mayor de financiación privada con este fin. El sector privado tiene en sus manos la parte más considerable de los fondos y tecnologías necesarios, y debe participar plenamente en el logro de una solución.

2009, el año del cambio climático, es también el año de la gran oportunidad.
La ruta del año próximo está claramente marcada: a lo largo del año se han espaciado cuatro sesiones de negociación de dos semanas, con la posibilidad de una quinta sesión antes de Copenhague, en caso necesario. El proceso de negociación ha comenzado en serio. Es mucho lo que está en juego, pero el precio del fracaso es todavía mayor.
El 40% más pobre de la población mundial está formado por unos 2.600 millones de personas. Las generaciones futuras representarán un grupo todavía más numeroso. A pesar de ello, son los dos grupos con menor representación política y los dos grupos más amenazados por el cambio climático. La falta de respuesta a la amenaza con que se enfrentan como consecuencia del cambio climático representará un fracaso moral por parte de toda la humanidad.
Ha llegado la hora de que el mundo asuma su responsabilidad. Copenhague 2009 es la oportunidad mundial para un nuevo comienzo, un nuevo amanecer, que incluya instrumentos
adecuados para conducir al mundo a un futuro mejor, más seguro, integrador y sostenible.
Muchas gracias

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